Abandono y corrupción en el Metro

Hugo Molinamayo 4, 202120960
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Hace algunos años, mientras la Línea 12 del Metro de Ciudad de México era aún un proyecto, platicaba con una amiga que trabajaba en el equipo de mecánica de suelos y estudios de ingeniería geotécnicos como parte del equipo de una constructora que participaba en tan grande obra.

Con mi amiga y otros colegas, los comentarios en charlas sobre el tema eran sobre el subsuelo lacustre de Tláhuac, y cómo gran parte de los estudios de la UNAM y de las empresas de construcción indicaban que no era viable construir un tren elevado en esa zona.

Los hundimientos diferenciales son el problema:

Imaginemos que el suelo de Tláhuac es una esponja que con el agua hace que tenga partes que hace que se hunda o expanda el terreno de diferente manera en muy poca área, y al poner columnas unas iban a levantarse o a hundirse y estar expuestas a muchas fuerzas en el caso de un terremoto.

La opción más viable, decían los expertos, era la probada estrategia de la zona central de la capital, irse por abajo y confinar túneles de concreto armado que no fueran afectados por los movimientos telúricos y que se comportaran como estructuras flotantes pero muy consolidadas en el subsuelo.

Por otro lado, en ese tiempo, el entonces Jefe de Gobierno, presumía la nueva línea del metro y que se lograría inaugurar en tiempo récord.

Rumores indicaban que si el tren se hacía subterráneo en Tláhuac iba a tomar más tiempo, y en calendario, no convenían electoralmente. Luego hubo varios cambios de trenes, de vías, etcétera.

No entrando en detalle, parecía que mucha gente estaba haciendo negocio, dando moches y gastando dinero de más para acelerar la entrega del proyecto y complacer al jefe de gobierno y su partido.

Presión que también era para que coincidiera con las celebraciones del bicentenario de la independencia y centenario de la revolución.

Por otro lado, a través de gente que trabajó en el metro, me enteraba del grueso presupuesto que iba para el sindicato y sus excesivos privilegios para agremiados, dinero que no iba a mantenimiento y administraciones que iban de mal en peor.

Después de la inauguración de la línea 12, hubo que cerrar algunas estaciones, esperar más.

Algo olía mal. Empezaron a circular fotos a los largo de los años de grietas, fisuras y asentamientos en las columnas y otros elementos, muchas precisamente de dónde hoy sucedió el fallo estructural.

Hubo señales antes, durante y después de la obra de la línea dorada. Lo de hoy es una tragedia anunciada y una negligencia de autoridades durante 25 años (o más).

Se deben de tomar medidas para que algo así no vuelva a pasar en el Metro jamás.

Hoy la sociedad no va a tolerar que no se señalen responsables porque todos conocemos sus nombres.

Hugo Molina


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