Súperliga europea: Todo sea por el negocio

Tío Política Básicaabril 20, 202114640
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La noticia del año, dentro del ámbito deportivo, fue el anuncio de la creación de la Superliga Europea. No, no fue una sorpresa, pues esta se viene años atrás, pero lo que casi nadie tenía contemplado era lo avanzado de su organización. Tampoco fue inesperada la reacción de la UEFA junto con las ligas y federaciones nacionales, protegiendo el negocio a toda costa y amenazando con desafiliación tanto a clubes como a jugadores. La respuesta de la FIFA fue más mesurada, reprobando en todo momento y catalogándolo de poco solidario.

Las primeras impresiones de gran parte de la prensa especializada fue hacer notar que el fútbol como lo conocíamos había muerto, y que los dueños billonarios de los clubes multimillonarios decidieron privilegiar el aspecto económico y no el deportivo. Pero justo en este sentido, les faltó precisar muchas cosas y que con ellas se entiende la intención de los grandes clubes.

En primer lugar hay que entender el disgusto de la UEFA. Con la creación de esta liga, matan deportiva y, sobre todo, comercialmente la Champions, ya que sin los equipos “separatistas” no generará tanto interés fuera de Europa. Pero el argumento principal que esgrimen los detractores de la Superliga es que al ser una liga cerrada (como las ligas profesionales en Estados Unidos) no permite que haya equipos nuevos, y los equipos con menos presupuesto nunca podrán competir en esos niveles. Mencionan al Porto, al Leicester, el Leipzig como éxitos deportivos, como los Davides que tiraron a los Goliats, las cenicientas, y tienen razón ya no se verán hazañas como las de Leicester pero olvidan matizar que estas sorpresas ocurren menos de una vez en cada década y son en términos prácticos, la excepción más que la regla.

Esto se debe a que si bien el dinero no compra campeonatos, compra talento y con talento es más sencillo ganar campeonatos. Ejemplos de esto sobran en el deporte profesional. Ante la disparidad de presupuestos en las ligas locales, la Champions es el resquicio de competencia a nivel europeo. En este sentido, las medidas implementadas para mejorar la repartición de los ingresos por derechos de transmisión han sido insuficientes para reducir la disparidad deportiva. En cuestión organizativa y de tope salarial, hay mucho que decir pero el Tío PB les tiene pendiente ese análisis.

Además la globalización ha aumentado exponencialmente la exposición de estos equipos, sus estrellas y sus patrocinadores a mercados que eran impensables hace 25 o 30 años. China, se abrió al futbol, y sus 1,300 millones de habitantes son una mina de euros; India ha dejado un tanto de lado el críquet y parte de los más de mil millones de habitantes ha puesto sus ojos en el futbol, y por último, Estados Unidos, a raíz del mundial de 1994 y las migraciones son el gran mercado ha explotar y en segundo plano, Latinoámerica. Como consecuencia de la Superliga, los derechos de la Champions descenderían, reduciendo el tamaño del pastel de la UEFA y esto sólo es muestra que una veintena de equipos, y no más, resaltan en plano internacional y son estos equipos quienes quieren dejar de cargar económicamente al resto de clubes y federaciones.

Aunque los equipos de la Superliga declararon que pretenden seguir compitiendo en sus ligas locales, muchos periodistas dicen que están matando el espíritu de la competencia y que después de alguno años se aburrirán de tener tantos partidos “importantes” al año, pero hay que mencionar que esta liga está diseñada para dar espectáculo y generar ingresos para los participantes, en una proporción mayor a la que reciben actualmente con las competencias actuales. Esto es un problema porque los jugadores estrella de estos equipos, son titulares con sus respectivas selecciones y al tener pausas para los partidos a nivel selección, rompen el ritmo y en gran parte de las ocasiones regresa algún jugador lesionado a su club y no hay resarcimiento económico por ello. Además una gran proporción del salario, dejando fuera la cuestión comercial, de los jugadores proviene de los clubes y en menor medida de lo que reciben en selección.

Por último, ante la falta de argumentos futbolísticos o económicos para evitar la creación de  la Súperliga, la UEFA y la FIFA han planteado una serie de sanciones y demandas por incumplimiento de contrato, a lo que la dirigencia de la recién creada liga ha mencionado que también puede demandar si se establecen estas sanciones. Ante la posibilidad de que se lleve al terreno legal, y al haber capital estadounidense de por medio, la Súperliga puede argumentar qué hay un monopolio de facto y pudiera ganar. En este sentido, Estados Unidos se estaría adueñando de la liga de fútbol más importante del mundo, único deporte del que no tiene el control. No sólo eso, saca al fútbol europeo de la esfera de influencia rusa y de los países del Medio Oriente, aunado a las investigaciones de corrupción qué hay hacia la UEFA y la FIFA, los deja sin margen de maniobra ante esta intervención.

En conclusión, quitándole todo romanticismo, la Súperliga significará una mejora sustancial en los ingresos de los clubes que participen, los únicos perjudicados serán los organismos que dejaron caer la competencia en las ligas locales y, en el peor de los escenarios, el aficionado seguirá igual. El continuar con el espectáculo dependerá de los directivos de las ligas y deberán tener por consigna evitar las acciones que desgastaron y demolieron la competencia en las ligas locales.

 

Texto por Elim Alberto Ibarra, Economista y fiel seguidor del Cruz Azul.

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