La tenue frontera entre el fútbol y la política en América latina

Tío Política Básicaagosto 27, 2020390
estadio

En el título de esta columna y que encuentro muy ad-hoc a su propósito: “En América Latina, decía, la frontera entre el fútbol y la política es tan tenue que casi resulta impercetible.”  

En aquel momento, el historiador narraba, desde su característica visión, el inicio de los ataques de una guerra desatada en américa central entre Honduras y El Salvador, durante julio de 1969 que habría dejado al menos 5 mil muertos en 4 días, según las cifras oficiales. A este conflicto bélico, sirvió como precedente un par de encuentros de fútbol entre las selecciones de ambos países, a visita recíproca.

Las aficiones, entonces, aprovecharon por igual la visita del combinado contrario para descargar sus patriotismos, pasiones, iras y frustraciones, amedrentándolos desde días antes del encuentro con actos vandálicos que mermaría el rendimiento de los jugadores en la cancha posteriormente y que, a la par, encendía la mecha del estallido de una de las guerras más sangrientas de Centroamérica.

La política y el fútbol, son entes que no pueden separarse en América latina.

Un Boca contra River en Argentina, se convierte en tema de Estado. Un México contra Estados Unidos, siempre representa un tema mucho más patriótico que deportivo; la participación de exfutbolistas brasileños en política como el mismísimo Pelé en los noventa o Romario más recientemente acuñan esta idea a la perfección, pues así hay una larga lista de ejemplos que podrían mencionarse actualmente.

En Argentina, un país donde los equipos de fútbol tienen una tremenda influencia y en el que el fin de semana pasado se llevaron a cabo elecciones presidenciales que desplazaron del poder al actual Presidente, hace que valga la pena recordar que Mauricio Macri forjó su carrera política desde hace más de 20 años a partir de la plataforma que le ofreció el ser presidente de uno de los clubes más importantes de ese país, Boca Juniors;  desde 1995 hasta 2007 cada triunfo de su equipo, cada campeonato, cada partido bien jugado lo acercó a puestos políticos, llegó a la jefatura de gobierno de Buenos Aires y después a la presidencia en 2015 con el impulso y la fama cosechados desde años antes por haber sido dirigente de Boca.

Incluso se habla que los clubes muchas veces han servido como oficinas de despacho para asuntos del gobierno y que gente allegada al fútbol se convirtieron en el círculo más cercano del presidente argentino.

En Chile, hoy inmiscuido en la protesta ciudadana más grande de los últimos años, el Presidente Sebastián Piñera despegó su incursión en la política cuando se convirtió en dueño del Colo-Colo en 2006, el club de fútbol más importante de su país. Además de ser conocido por ser un acaudalado empresario, los reflectores que le dio el ser propietario de un equipo de fútbol lo catapultó a la presidencia del país andino en dos ocasiones.

En Uruguay, el Presidente Tabaré Vázquez, también tiene pasado futbolístico, pues hace más de 30 años, como dirigente, llevó al campeonato nacional al Club Progreso, un modesto equipo de aquel país pero que lo ayudaría a convertirse en alcalde de Montevideo y después a ser presidente en 2005 y luego en 2015.

En menor medida, el expresidente paraguayo Horacio Cartes también fue presidente del Club Libertad en 2001, para después ocupar la presidencia de su país de 2015 a 2018.  Es por esto que no resulta raro que Uruguay, Argentina y Chile aspiren a organizar en conjunto el Mundial de fútbol de 2030, pues sus actuales Presidentes entienden a la perfección el negocio que representa. La candidatura se impulsa desde un deseo romántico; que la copa del mundo en su centenario, vuelva al lugar en el que se hizo por primera vez: Uruguay.

No obstante que hoy, la inestabilidad de Chile y Argentina, así como sus consecuentes sucesiones presidenciales hagan que su candidatura penda de un hilo muy delgado que podría romperse muy pronto. ¿Son buenos o malos gobiernos? ¿Su pasado en el fútbol mermó o fortaleció su desempeño como gobernantes? No es mi intención puntualizarlo. Lo dejo a criterio del lector.

Lo que es innegable es la estrecha relación que el fútbol ha tenido con la política en estos países y que a través de ella se ha replicado la misma fórmula para impulsar carreras exitosas para ascender al poder. Ahora mismo en México no estamos lejos de los casos arriba mencionados, basta con recordar a Cuauhtémoc Blanco, el icónico jugador mexicano de fútbol, ahora Gobernador de Morelos por MORENA, quien siempre ha dicho que “si se lo piden, sería Presidente de México en 2024”. ¡Vaya ocurrencia! (Y miren que lo escribe un americanista).

El fútbol representa mucho para nuestra región. La historia, la economía, la política, el ánimo social y las emociones colectivas innumerables veces han estado a merced de un partido, de la eliminación o la clasificación de una selección nacional o de un gol de último minuto.

Dice Jorge Valdano, campeón del mundo en México 1986 y, dice bien, que al final “el fútbol es lo más importante de lo menos importante”. ¿Podrán entenderlo todos?  Se las dejo botando en el área chica. ¡Hasta pronto!

**Texto escrito por David Hernández, politólogo y apasionado del fútbol.

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