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“Mujeres Juntas ni difuntas”

¿Por qué este dicho fue y sigue siendo tan aceptado en la sociedad?

Si nos remontamos a discursos populares de antaño podríamos ver que la idea de que las mujeres pudieran “llevarse bien” es imposible (claro, si nos basamos en estas ideas).

Y es que pareciera que todo el sistema empuja a que las mujeres no se lleven bien entre ellas. Desde pequeñas se les obliga a replicar roles y labores enfocados en el cuidado del hogar y de su pareja (jugar a la casita, cuidar al bebé, hacer la comida etc.); y que además se realizan muchas veces en solitario.

Desde niñas no se desarrolla un sentido de pertenencia grupal con sus congéneres y por lo tanto muchas veces no se crean vínculos que las empujen a cuidarse unas entre otras. A esto hay que sumarle que históricamente a las mujeres se les excluye casi siempre de actividades de deporte en equipo como el fútbol o el basquetbol.

Cualquier tipo de deporte en equipo desarrolla vínculos de hermandad y pertenencia a un grupo en específico. Y según los roles de género las mujeres no pueden y no deben participar en ningún deporte, lo cual genera que dichos vínculos no existan tan fácilmente.

La cereza en el pastel es el factor “belleza”, concepto que se ha convertido en un detonante entre las mujeres para rivalizar las unas contra las otras y compararse constantemente, todo esto con el fin de atraer la atención o el cariño del sexo opuesto o la atención en general.

El sistema en el que vivimos ha exigido a las mujeres competir, y pareciera que este mismo sistema se repite en el feminismo sobre quien tiene la razón.

Actualmente cuando se habla de feminismo existen diferentes posturas las cuales  se encuentran en conflicto y pareciera que esto no tendrá un pronto final. Sin embargo, este problema va más allá del estar de acuerdo con cierta postura dentro de este movimiento político.

Autoras feministas desde ya hace varias décadas han acuñado un término que pareciera el bálsamo que promete remediar estas rivalidades inculcadas por el sistema patriarcal, la sororidad.

La sororidad apela a la solidaridad y a la creación de lazos entre mujeres y así combatir al patriarcado desde adentro.

Sin embargo, últimamente cuando de feminismo radical y activismo transexual se trata, este ingrediente básico ha brillado por su ausencia.  Y frases de odio como estas inundan todos los días espacios en redes:

“Hombre con falda” “Maricon con tetas” vs “Haz patria y patea una terf”

“Terf que veo, terf que pateo”

Frases como estas están cargadas con altas dosis de transfobia y misoginia y esto tiene que parar ya. Pareciera que esta discusión olvida que se nazca mujer o se transicione,  la violencia patriarcal no tiene bandos y mata por igual a todas las mujeres.

El sistema patriarcal no discrimina al ejercer violencia sobre las mujeres.

El verdadero enemigo es el padre, el hermano, el esposo, el novio, el maestro, que viven con una máscara de aparente normalidad, pero que al mismo tiempo masacra y violenta mujeres en redes sociales, en la calle, en su trabajo o en su hogar.

Las etiquetas de odio deben de parar, el término “Terf” (Trans-Exclusionary Radical Feminist) no cumple una función simplemente descriptiva, si no que conlleva una connotación violenta, este etiqueta se le toma como un sinónimo de “Mujer transodiante” lo cual dista mucho de la realidad.

Cuestionar,  no es odio. No estar de acuerdo, no es odio.

No se es transodiante por no compartir las mismas ideas. Hace falta más que eso para “ganarse” esa etiqueta. El verdadero odio se ve tristemente reflejado en los 22 transfeminicidios en lo que va 2020 en México, cifra que seguramente no alcanza a reflejar la realidad. (Cifra del Observatorio Nacional de Crímenes de odio contra personas LGBT)

No nos podemos llamar feministas si no entendemos que estas etiquetas de odio no suman a ninguno de los dos movimientos. El enemigo no somos nosotras mismas, el enemigo está allá afuera.

Y si al pasar el tiempo la discusión no solo sigue, si no que se agudiza, el sistema patriarcal seguirá repitiendo alegremente “Mujeres juntas ni difuntas”

Texto por Blanca Romero

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