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Política Internacional

La victoria (neo) otomana en Santa Sofía

Texto por Luis Carlos Bosques Carmona

El 10 de julio inició con una noticia, que a vista de algunos no es más que un asunto de la política interna de un país que dista bastante del panorama mexicano. Sin embargo, la reconversión de Santa Sofía de museo a mezquita sigue el hilo de las políticas neo otomanistas del gobierno turco liderado por el nacionalista Recep Tayyip Erdoğan.

El Estado turco, que sucedió al Imperio Otomano, se fundó bajo la visión de Mustafa Kemal Atatürk quien implementó reformas y políticas para desligar a Turquía de los remanentes otomanos, y así modernizar al joven país. Para alcanzar dicho objetivo, se introdujo el kemalismo como pilar básico que delinearía las características de la nueva Turquía. Dentro de los principios que constituían esta corriente política yacía el secularismo (laiklik) que buscaría moldear una nueva y homogénea identidad y sociedad turca.

El caso de Santa Sofía no es ajeno al kemalismo. En 1934, Atatürk decidió secularizar la mezquita y convertirla en museo; simbólicamente esta basílica representaba la victoria y el nacimiento del Imperio Otomano bajo las cenizas de lo que hoy es Estambul. Por lo que convertirlo en un recinto no islámico fortalecería al nuevo Estado turco.

Sin embargo, la modernización kemalista no causaba simpatía entre los grupos más conservadores turcos, quienes decidieron oponerse al laiklik a través de partidos políticos con conexiones islámicas. Entre dichos partidos se encuentra el del presidente Erdoğan, el AKP. Empero, el rechazo al kemalismo no propuso ninguna alternativa nueva que desafiara el statu quo, sino que apostó por la imitación y el retorno de las prácticas otomanas tanto dentro como fuera de las fronteras. Es así como surge una nueva contra corriente política: el neo otomanismo

A pesar de ser una doctrina reciente, el neo otomanismo ha ganado terreno en la política turca. Por una parte se ha revertido la tendencia del laiklik en las esferas públicas – incluyendo las escuelas, las fuerzas armadas y policiales, y las instituciones públicas – el afán por re-islamizar estos sectores puede derivar en consecuencias serias para el interés nacional turco.

En primer lugar, se ha renovado la identidad turca con el bono islámico. Ser turco equivaldría a ser musulmán, así como Turquía a una nación islámica. Esta nueva noción de Estado-nación ha promovido la segregación de minorías como los kurdos, y en respuesta a esto se puede observar el incremento en la violencia.

Asimismo se ha centralizado de manera desmedida y apresurada el poder en manos del presidente, al estilo otomano. En 2017 un referéndum constitucional propuesto por el AKP aprobó la disolución del sistema parlamentario y la creación de uno presidencial, en donde las atribuciones y facultades ejecutivas recaerían sobre la presidencia, es decir, sobre Erdoğan.

Por otra parte, el neo otomanismo también ha permeado la política exterior, dando un golpe de timón a los intereses turcos en cuanto a sus relaciones con la comunidad internacional. El gobierno de Erdoğan ha aprovechado su posición como potencia regional para afianzar más poder en casi todos los aspectos que sean posibles. El distanciamiento de la Unión Europea es equivalente a la aproximación hacia la región mediante el poder duro y blando (hard y soft power).

Dada su localización estratégica Turquía ha sido parte fundamental en la coyuntura mediterránea; desde la invasión en Chipre, hasta la presencia militar en Libia. A pesar del hard power que ha mantenido hasta ahora y que irrita a sus vecinos, Turquía se ha propuesto a mostrar cada as que tiene bajo la manga, en este caso, Santa Sofía.

El reconocimiento del recinto histórico como mezquita como un elemento del soft power turco puede impulsar su influencia en la región y mostrar mayor poder dentro de las relaciones con los griego – quienes además tienen una conexión histórica con la basílica –las disputas y choques fronterizos, la cuestión de los refugiados y de seguridad se han eclipsado con esta jugada. Santa Sofía es el símbolo de la victoria otomana y neo otomana.

Erdoğan ha consolidado su poder y presencia en Turquía mediante prácticas autocráticas, populistas e iliberales. Sin duda será interesante observar la evolución de este suceso que acaparará las agendas nacionales y de los grupos religiosos.  

Dicen que todos vuelven al lugar donde fueron felices, y el gobierno turco ansia por volver a la grandeza otomana a su manera y a cualquier costo.

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