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Política Internacional

Entre fantasmas y oportunidades: México en el Consejo de Seguridad


Por: Luis Carlos Bosques Carmona

Este mes, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) elegirá a cinco Estados que fungirán como miembros no permanentes dentro del Consejo de Seguridad por un bienio; y México, quien busca y tiene las de ganar por quinta vez un asiento dentro del máximo órgano en el Sistema de la ONU, encararía retos y fantasmas del
pasado, pero también una mina de oro representada en oportunidades políticas.

Por su mandato y funciones, el Consejo de Seguridad es el órgano con mayor autoridad dentro de las Naciones Unidas, pues sus decisiones son legalmente vinculantes – es decir, los Estados Miembros están obligados a acatarlas – asimismo debido a su misión para salvaguardar la paz y seguridad internacionales por cualquier medio pertinente que este
considere.

Además, su estructura lo convierte en uno de los órganos más exclusivos en el plano internacional, pues el Consejo está integrado por 15 miembros, de los cuales diez son rotados para ocupar un asiento no permanente por dos años, mientras que los cinco restantes tienen calidad de permanentes y además el derecho de vetar cualquier decisión.

Este privilegiado grupo está compuesto por China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia.

La elección de México a las ligas mayores del multilateralismo sumaría una victoria más a la política exterior de la 4T liderada por Ebrard, quien ha promovido una visión más incluyente, extensa y participativa de la misma.

Ejemplo de esto se vislumbra con la obtención del 100%, así como el mayor número de las candidaturas electas para organismos multilaterales
en 2019, y recientemente con la adopción de una resolución co-patrocinada por 179 Estados Miembros sobre el acceso mundial a medicamentos, vacunas y equipo médico en medio de la pandemia por COVID-19, la cual fue presentada por México.

México ha flexionado su músculo diplomático al obtener el respaldo de los países latinoamericanos y caribeños para ocupar el único asiento disponible por este año correspondiente a la región, el cual la República Dominicana posee actualmente.

La confianza hacia el multilateralismo y el liderazgo mexicano puede traducirse en un activo más valioso: la influencia.

Sin embargo, el Consejo de Seguridad ni sus integrantes son los mismos como lo fueron hace diez años cuando México se desempeñó como miembro no permanente por última vez. Si el país no desea revivir el fantasma de la fallida diplomacia foxista se debe desarrollar un margen de maniobra así como un cálculo de riesgos por parte de la Misión Permanente.

Las dinámicas del Consejo son complejas y convulsas, la confianza entre los miembros se ha desgastado, existe un desentendimiento que ha polarizado las discusiones más relevantes.

Por una parte, el unilateralismo estadounidense ha puesto incómodos obstáculos durante la toma de decisiones en el Consejo. Asimismo su postura dura en las crisis supondría un conflicto para la delegación mexicana, quien por tradición y apego constitucional promueve
la vía diplomática, la no intervención, la igualdad jurídica de los Estados y la autodeterminación.

Si nuestro país llegase a votar en contra de los intereses estadounidenses (en especial en algún tema de la agenda que llegara a involucrar a los chinos) la posibilidad de ver nuevas amenazas gestándose desde la Casa Blanca a manera de represalia, en caso que ocurra una reelección, son altas.

Por otro lado, Rusia y China han insistido en que el Consejo discuta exclusivamente temas relativos a conflictos armados, por lo que habrá que delinear una estrategia que no excluya el potencial de México durante las discusiones y promover que otros asuntos de importancia sean abordados, específicamente aquellos que el bloque sino-ruso son reacios a tocar.

A pesar de estos desafíos, México cuenta con oportunidades únicas para destacar durante su membresía. En enero pasado se adoptó la política exterior feminista por parte de la Cancillería, siendo nuestro país el más reciente en poseer una política de este tipo junto con Suecia, Francia,
Canadá y Noruega – quienes compiten por los dos asientos vacantes para Europa Occidental y otros Estados, con Irlanda – por lo que la discusión de temas relativos a las mujeres, paz y seguridad tenga mayor impulso y voz dentro del Consejo, al mismo tiempo que le da a los trabajos de este órgano una perspectiva de género importante.

De igual forma, México, quien ha promovido una serie de reformas para el Consejo podría gozar de la oportunidad de impulsarlas desde dentro. Junto con Francia, se ha desarrollado una iniciativa conjunta para restringir voluntariamente el veto en situaciones de alto riesgo que requieran de acción eficaz y humanitaria, con miras a desparalizar las labores del
Consejo y revitalizar su misión.

También, como miembro del Movimiento Unidos por el Consenso (MUC), organización que busca robustecer y democratizar a la misma ONU y al Consejo, México cuenta con las cartas para afianzarse como promotor de un cambio.

Sin embargo, el MUC también es un contrapeso para el grupo de los cuatro (G4), quienes buscan un asiento permanente para ellos. India, quien además de ser parte del G4, es candidato sin contienda para la vacante por Asia-Pacífico puede promover también desde el interior del Consejo las reformas que busca.

Fuera de la controversia y la polémica, la membresía mexicana es una oportunidad rica que servirá para nutrir, aportar y revitalizar al Consejo. Se pueden retomar lecciones y aprendizajes valiosas dentro del historial multilateral, y el nuevo enfoque agregado a la política exterior puede dar mucho de qué hablar en Nueva York.

Si el desempeño de México llegase a ser plausible – o al menos decente-, López Obrador podría colgarse una medalla más; la política exterior de la cuatroté siendo respaldada por la confianza de la comunidad internacional es el premio mayor.

Si no, los lobos de la oposición, quienes apoyaron esta candidatura desde el Senado, se lanzarán contra Morena y lo poco rescatable del proyecto de política exterior no será más que el fantasma del 2003.

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