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Las máquinas y el arte

Todos estamos de acuerdo en que el arte es producto de una actividad humana; una transformación de una cosa en otra, en fin, mil definiciones hay. Y a pesar de las miles de definiciones que pudiéramos darle, el arte recae en el ser humano y su creatividad.

Se dice que la ciencia juega un papel importante en la creación artística, y no necesariamente de una manera profunda, sino muy literal. El arte en casi todos los casos requiere herramientas: lienzos, pinceles, cuerdas, cinceles, etc.

Si nosotros preguntamos a un artista cuál es la mejor manera de trabajar, “con una buena herramienta” es una respuesta casi segura, y obviamente alguien que sabe lo que hace, sabe escoger una herramienta adecuada.

La mejor herramienta es aquella diseñada para facilitar al usuario su uso al mismo tiempo que cumple con su función de manera óptima. Pero la herramienta no hace al artista.

Desde finales de los años 80, las computadoras se han vuelto herramientas cada vez más comunes para todos, al grado de que existen artistas cuyo trabajo es completamente digital. Para muchos, el uso de medios digitales resta valor al arte, como si una herramientas tan poderosa como una computadora compensara una falta de habilidad o visión.

Es verdad que una computadora es capaz de facilitar algunas tareas, pero de manera similar a una guitarra, se debe saber cómo utilizarla correctamente. Toda expresión artística proviene de la mente de alguien sea cual sea el medio.

Algunos artistas manifiestan su descontento con las nuevas tecnologías, en especial por la inteligencia artificial, la cual actualmente es capaz de generar réplicas exactas de obras que a una persona llevarían horas o hasta días realizar, e incluso son capaces de generar imágenes y sonido que encajan en los parámetros de una obra artística correctamente ejecutada. Pero pensemos, ¿que no solo las personas son capaces de crear arte?. Pues por eso es un tema tan debatido; dependiendo de la definición que usemos de arte, una computadora podría o no considerarse una artista, sin embargo existe un punto irrefutable que podría ser decisivo si lo que se busca es una apropiación y exclusividad humana del concepto. 

Intención.

Una máquina suele estar diseñada para realizar un trabajo perfecto en poco tiempo, pero siempre debe haber alguien operándola; entonces no se podría decir que la imprenta resta valor artístico a una novela. Si bien una inteligencia artificial es capaz de generar una imagen bella con una composición perfecta y esquemas de color precisos, alguien debió decirle qué es lo que debía hacer en primer lugar. Las computadoras no se programan solas, y si quisiéramos señalar a un responsable de aquel producto, el programador puede ser un buen candidato, pero volviendo al punto, ¿quién es capaz de explicar la obra entonces?. Intención.

La herramienta no hace al artista, por el contrario, la herramienta es porque el artista la señala como tal, y aunque la herramienta sea una piedra o un procesador cuántico, un producto intencionado y bien fundamentado es lo que define a la persona como artista.

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