Categories
Política y seguridad

El General no tiene quien le escuche

El fin de semana pasado surgieron notas periodísticas acentuando el mensaje del General Gaytán (general de tres estrellas retirado, que ocupó los puestos dos y tres dentro de la Sedena en el sexenio de Felipe Calderón).

No obstante muchas de ellas (marcadas claramente por una ideología anti marcial y de izquierda) trataron de ver un discurso golpista entre líneas, cuando fue justamente lo opuesto, un discurso donde el General Gaytán refrenda irrestrictamente su lealtad al país, al Secretario de la Defensa (su superior inmediato) y por consiguiente al Presidente Constitucional, Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

La mayoría de las opiniones se centraron en la tercera frase del discurso: “Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados.” Si bien esta frase es contundente y bajo distorsiones rebuscadas puede tildarse de amenazante, es justo lo contrario. El General Gaytán está hablando de los agravios sufridos por integrantes del Ejército, no sólo en Culiacán, si no los casos de retención, desarme e incluso agresiones sufridas, Michoacán y Guerrero por dar algunos ejemplos.

El agravio es compartido por la mayoría de la población que ve como la delincuencia organizada (en algunos casos con la complicidad de jueces y ministerios públicos) se hace del control de vastas zonas de territorio lastimando a la sociedad indefensa y extrayendo las rentas legítimamente ganadas. La ofensa a los integrantes de las Fuerzas Armadas puede verse desde el punto de vista en el cuál los soldados son amenazados y retenidos, sin que haya consecuencias legales a los perpetradores de dichas acciones, lo cual no desincentiva esos actos y obligados a actuar en desventaja legal y con poco sentido de visión a corto plazo y sólo esperanzas en el largo plazo.

Para explicar esto último debemos señalar que el presidente no ha presentado una estrategia de seguridad que aborde con inmediatez los problemas que más afectan a los mexicanos. Su única respuesta ante los cuestionamientos son, por una parte, una verdad tautológica: la falta de oportunidades lleva a una parte de la población a las filas de la delincuencia; y por otra un dicho sin sentido resolutorio y más una declaración de buena voluntad “abrazos, no balazos” y el señalamiento a las administraciones pasadas y la siempre vilipendiada ‘Mafia del Poder”.

En una de las partes centrales del discurso el general menciona que el presidente ha sido elegido democráticamente y por lo tanto tiene todo el apoyo de las fuerzas castrenses. Esta frase tira por borda todo intento de malinterpretación hacia deseos golpistas. Pero remata señalando que no hay contrapesos institucionales que funcionen en la práctica, por lo que el Presidente ha tomado decisiones de suma importancia alejado de todo matiz y de argumentos presentados por su gabinete, tornándose en una visión de blanco y negro, cabe recordar aquí las decisiones en materia energética y de transporte como el Tren Maya y el Aeropuerto; extrapolando estas decisiones al ámbito militar, como el recorte en el presupuesto de tecnología y equipo genera dudas y plantea la disyuntiva de cómo ayudar en tareas de seguridad sin los medios necesarios.

Con estos argumentos se nota el énfasis de sacar al Ejército de un juego de fuerzas políticas y centrarlo como, lo que para muchos es, el último reducto de institucionalidad en varias zonas del país. El Ejército no es una fuerza política sino una institución con el interés supremo de proteger, servir y ayudar a la población; esto se entiende por el sacrificio máximo que están dispuestos a dar, mientras que hay autoridades (desde gobernadores y jueces, hasta policías y ministerios públicos)  que los traicionan al pactar con los criminales. Lo del último reducto de institucionalidad se nota de mejor manera en situaciones donde los gobiernos estatales son rebasados por la problemática de seguridad ante lo cual llaman al Ejército o la Marina.

Al final del discurso señala que el Secretario de la Defensa tiene la titánica labor de conciliar al Presidente con el Ejército, después de todas las ofensas vertidas por López Obrador desde sus primeras campañas a la presidencia (incluso en la última campaña mencionó que lo desaparecería porque todos los mexicanos estaríamos dispuestos a defender el país en caso de guerra). De igual forma tiene que comandar a los soldados en tareas que los tres órdenes de gobierno no han sabido o no han querido realizar, al ser el último escudo que separa a México del estado fallido, Todo lo anterior lo debe realizar sin desgastar la confianza en la institución.

Finalmente hace un llamado a la oposición a no desprestigiar el actuar castrense y a los ahí presentes a unirse frente a los ‘halcones’ (en lo particular no sé a qué se refiere, pero en el contexto puede entenderse como miembros cercanos al Presidente que preferirían poner en tela de juicio el actuar del Ejército, Secretario incluido, que dar un paso al costado, anteponiendo sus intereses personales a los nacionales), además de refrendar la lealtad, disciplina, respaldo y solidaridad al Secretario.

Ante lo expuesto en los párrafos anteriores, el discurso no debe interpretarse como un aviso o amenaza al presidente, sino todo lo contrario, como una petición al Comandante Supremo de tomar medidas encaminadas a fortalecer el marco legal de actuación para evitar situaciones como la de Culiacán, dar mensajes de unión en torno a temas fundamentales como la seguridad, definir claramente la estrategia de seguridad y dejarse asesorar por los profesionales en el ámbito castrense.

¿Cuál fue la respuesta del Presidente?

De primer momento, fue la de entender pero no compartir. Esta reacción hubiera sido la indicada, acompañándola de una declaración de cambio de paradigma en la estrategia de seguridad, pero la ensució días más tarde cuando la descalificó y denostó al General por su trabajo en gobiernos anteriores.

En conclusión, el Presidente malinterpretó (o le malinterpretaron) el mensaje y la petición del General Gaytán y lo que pudo haber sido una salida sólida, política y militarmente, a los sucesos de Culiacán, se convirtió en otra crisis más en materia de seguridad.

Texto escrito por Elim Ibarra, economista interesado en políticas de seguridad.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s